sábado, 13 de enero de 2018

EL GRAN SHOWMAN (2017). Michael Gracey

¿Qué confuso camino recorre el linde entre la maldad de explotar económicamente a personas y la bondad de procurarles un trabajo? Desde luego es una cuestión que crea mucha controversia y que yo no voy a resolver en unos pocos párrafos, ni siquiera estoy seguro de ser capaz de hacerlo, la discusión llega a ser tan profunda que de hecho, hay una tendencia multiplicativa sobre el no a la exhibición que incluye también a los animales. Mucho que pensar…

¿Es lícito proporcionar entretenimiento en base al engaño? Otra de cuarto de Ética.

¿No es el cine un maravilloso engaño? Lo que narran lo cuentos de Pulgarcito, El Gato con Botas y La Bella Durmiente ¿Sucedió de verdad? Al final enseñamos a los niños estas "mentiras" porque tienen moraleja y enseñanzas pero ¿El fin justifica los medios?

Esto es sólo el aperitivo de lo que podría llegar a ser un debate sobre el Fondo que yo a penas vislumbro en esta película, pero no me voy a centrar en ello, porque además ni el mismo Michael Gracey ha querido atacarlo prefiriendo centrarse un poco más en la Forma, cincelando la vida del creador del circo Phineas Barnum, que por cierto no fue así ni sucedió mientras construían el Flatiron ¿Licencias admisibles como en los cuentos de niños?

Desde luego, si hay algo que a mí me maravilla cuando voy al cine es caerme en la película en los primeros instantes, como me sucedió en En busca del Arca perdida (1981) de Steven Spielberg, porque cuando estás dentro la película se disfruta de otra forma, el cine te transporta a otra dimensión. Vaya caída la de El gran showman, en menos de 10 segundos estaba absolutamente dentro del celuloide!

El comienzo de la película es absolutamente apabullante, exquisito, arrebatador, un auténtico manifiesto de lo que te vas a encontrar a lo largo de 105 minutos de función: cine musical del bueno, toda una demostración de coreografías en "realidad aumentada" ¿Me permitís la expresión? en la que bailan los planos, la cámara, la luz, la mesa de montar, y sí, también los actores. Pero a esta coreografía le da soporte algo mucho más grande, una banda sonora excelente que nos conduce a lo largo del metraje hasta hacer cima con Never Enough, maravillosamente interpretada por Loren Allred, a la que estoy escuchando en este momento.

La banda sonora es de Justin Paul y Benj Pasek, tal vez os "suenen" por su trabajo con Justin Hurwitz en La ciudad de las estrellas (2016) de Damien Chazelle. No os extrañe que mi hija me dijera que escuchando las canciones durante la película se le había puesto piel de gallina hasta en los mofletes.

Fui a ver esta película sin mucha convicción. Me dije "¿El lobezno australiano este guaperas?". Surprise! porque a veces vas a ver lo que crees que es un monstruo y descubres que en realidad es una persona maravillosa. Hugh Jackman, además de hacerlo bien como actor canta! Y canta muy bien, pero también canta Zac Efron, canta Michelle Williams, canta Zendaya...

La que no canta es Rebecca Ferguson, a quien precisamente dobla Loren Allred, y menos mal que no canta, porque Rebecca está despampanante y si llega a ser ella la que interpreta las canciones me enamoro definitivamente de ella, vamos, que me enamoro más.


Mi recomendación:

Para los amantes del cine, de los musicales, del arte, de la música, del circo, del espectáculo, de lo bueno de la vida, id a verla, id al cine, vedla en grande. Si no te gusta nada de lo anterior, cómprate una piqueta y rompe esa maldita capa protectora para que salga a brillar tu sensibilidad, después vete al cine y la ves.

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