domingo, 15 de enero de 2017

SILENCIO (2.016). Martin Scorsese

Porque si no hay silencio, o si éste se rompe para enviar una señal ¿Dónde queda la fe?

La lucha entre la razón y la fe podría llegar a ser encarnizada si no fuera porque la razón y la fe viven en universos distintos sin posible intersección entre ellos. La razón no tiene nada que demostrar en el universo de la fe, y por otro lado la fe no puede hacernos creer como norma lo que nos niega la razón. 

Es posible que se puedan seguir razonamientos para llevar la existencia de una manera virtuosa, pero siempre faltará la segunda componente que sólo depende de una decisión personal, de una actitud para enfrentarse a la vida y que nos forja como auténticos seres humanos. Dios no es objeto de inteligencia, sino de fe.

Básicamente este es el planteamiento de ésta, para mí, gran película del maestro Scorsese. Película que recrea la novela homónima de Shusaku Endo en la que se narra la persecución de los cristianos durante el siglo XVII en Japón.

El Fondo de la película es duro, terriblemente duro. El viaje entre las olas de la razón y la marea de la fe por el que nos transporta Martin Scorsese, nos sumerge definitivamente en un mundo muy complejo, en un lugar difícil de abordar sin ayuda de conceptos de corte teológica, pero la elegancia con la que Scorsese dibuja la historia, las pinceladas de seriedad y honestidad con las que salpica el lienzo, y los brochazos de majestuosidad y belleza que nos ofrece en cada plano hacen que el periplo por sus fotogramas sea gratificante.

Probablemente es la película más complicada de Scorsese, conozco a personas que se han salido a media película, también durante la sesión a la que yo asistí se salieron algunas personas. Lo aviso, no es fácil, también puede llegar a hacerse algo pesada, y dura, muy dura, profunda y dolorosa sólo salpicada de algún pellizco de humor provocado por el personaje de Kichijiro que de alguna manera, y aunque sea injustamente, produce la sonrisa del espectador ansioso tras tanta tensión.

No es sin embargo una gran película de actores, lo cual no significa que estén mal, Andrew Garfield bastante bien, Adam Driver también, Yosuke Kubozuka genial, aunque desde luego esta no es película ni papel para Liam Neeson. Esta es una película de Director, de cámara, encuadre, fotografía, tempo y montaje.

Estremecedor el silencio que llenó la sala al terminar la proyección, creo que nunca lo había sentido en el cine de esta manera.


Mi recomendación:

Yo te recomiendo que la veas, además no estoy escribiendo sobre este arte para recomendar a nadie que no vaya al cine. Es una película para ver algo nuevo, algo un poco distinto, y algo que no va a dejar a nadie indiferente, probablemente por su temática tan difícil y conflictiva, pero también es una buena historia, y sobre todo es buen cine. Tienes que tener fe en lo que digo…

sábado, 7 de enero de 2017

PASSENGERS (2016). Morten Tyldum


El motor que mueve al mundo es el egoísmo, si no fuera por el egoísmo  no estaríamos aquí y en este momento. Cualquier elección que hace una persona es para buscar una mejora, si elige beneficiarse directamente con, por ejemplo, el trozo mayor del pastel está buscando sentirse más saciado y degustar más tarta, pero si elige beneficiar a otro con ese trozo mayor lo hará porque así se encuentra mejor, aunque sea por una cuestión de conciencia o bienestar de espíritu. Al final todo depende de esa lucha interna y continua entre el cuerpo y el alma que se establece en cualquier ser humano, la única diferencia entre las dos posibilidades de elección tiene como trasfondo el balance entre el bienestar físico-terrenal y el ético-espiritual.

Ya he dicho en alguna ocasión que el ser humano es malo por naturaleza, en este caso tal vez debiera decir que es “impaciente por naturaleza” (la impaciencia también es una maldad) pues es verdad que resulta de una mayor inmediatez el beneficio de tomar el mayor trozo de pastel que el beneficio de cederlo, porque esta acción de más altas miras seguramente será recompensada mucho más tarde aunque mejor.

Las situaciones límite, como la que se plantea en esta historia nos ponen en el borde del abismo, ese desagradable lugar donde a veces brota lo mejor y otras lo peor del ser humano. Evidentemente no os voy a decir lo que brota ni tampoco de qué sabor es el pastel, pero reconozco que está bastante rico aunque a mí no me guste...

Por cierto, debéis entender que en el ciber-mundo las ironías, como en la radio, no se entienden. Yo mismo cometo muchas veces el error de practicarlas en el Facebook o en el Whatsapp y os aseguro que he tenido serios malentendidos por ese motivo, o éstas van acompañadas de una visual directa entre dos seres humanos o no suelen ser bien interpretadas. Tened siempre cuidado cuando habléis delante de un robot.

Me encanta la ciencia ficción, y me parece una buena película, aunque con algún que otro perdonable error. Está claro que el mundo del cine no se acaba de aprender la Teoría de la Relatividad del tío Alberto.

Jennifer Lawrence está muy bien, y Chris Pratt también, Lawrence Fishburne incombustible. Lo de Andy García sinceramente es de coña total. Buenos efectos especiales y, aunque estamos en la era digital es de sabios reconocer que la estética de la película está muy cuidada. En cualquier caso prefiero quedarme con el evocador recuerdo que el tempo, el montaje y la trama me ha traído sobre una grande del género: Naves Misteriosas (1972) de Douglas Trumbull.

Mi recomendación:


Si te gusta la ciencia ficción, no te la puedes perder. Si por el contrario no eres de ciencia ficción debes ir también a verla, en el fondo es una película sobre el ser humano.