sábado, 7 de enero de 2017

PASSENGERS (2016). Morten Tyldum


El motor que mueve al mundo es el egoísmo, si no fuera por el egoísmo  no estaríamos aquí y en este momento. Cualquier elección que hace una persona es para buscar una mejora, si elige beneficiarse directamente con, por ejemplo, el trozo mayor del pastel está buscando sentirse más saciado y degustar más tarta, pero si elige beneficiar a otro con ese trozo mayor lo hará porque así se encuentra mejor, aunque sea por una cuestión de conciencia o bienestar de espíritu. Al final todo depende de esa lucha interna y continua entre el cuerpo y el alma que se establece en cualquier ser humano, la única diferencia entre las dos posibilidades de elección tiene como trasfondo el balance entre el bienestar físico-terrenal y el ético-espiritual.

Ya he dicho en alguna ocasión que el ser humano es malo por naturaleza, en este caso tal vez debiera decir que es “impaciente por naturaleza” (la impaciencia también es una maldad) pues es verdad que resulta de una mayor inmediatez el beneficio de tomar el mayor trozo de pastel que el beneficio de cederlo, porque esta acción de más altas miras seguramente será recompensada mucho más tarde aunque mejor.

Las situaciones límite, como la que se plantea en esta historia nos ponen en el borde del abismo, ese desagradable lugar donde a veces brota lo mejor y otras lo peor del ser humano. Evidentemente no os voy a decir lo que brota ni tampoco de qué sabor es el pastel, pero reconozco que está bastante rico aunque a mí no me guste...

Por cierto, debéis entender que en el ciber-mundo las ironías, como en la radio, no se entienden. Yo mismo cometo muchas veces el error de practicarlas en el Facebook o en el Whatsapp y os aseguro que he tenido serios malentendidos por ese motivo, o éstas van acompañadas de una visual directa entre dos seres humanos o no suelen ser bien interpretadas. Tened siempre cuidado cuando habléis delante de un robot.

Me encanta la ciencia ficción, y me parece una buena película, aunque con algún que otro perdonable error. Está claro que el mundo del cine no se acaba de aprender la Teoría de la Relatividad del tío Alberto.

Jennifer Lawrence está muy bien, y Chris Pratt también, Lawrence Fishburne incombustible. Lo de Andy García sinceramente es de coña total. Buenos efectos especiales y, aunque estamos en la era digital es de sabios reconocer que la estética de la película está muy cuidada. En cualquier caso prefiero quedarme con el evocador recuerdo que el tempo, el montaje y la trama me ha traído sobre una grande del género: Naves Misteriosas (1972) de Douglas Trumbull.

Mi recomendación:


Si te gusta la ciencia ficción, no te la puedes perder. Si por el contrario no eres de ciencia ficción debes ir también a verla, en el fondo es una película sobre el ser humano.

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