jueves, 9 de abril de 2015

BLADE RUNNER (1982). Ridley Scott


En ocasiones hay disputas sobre si tal libro fue mejor que la película sobre el mismo tema, y casi siempre parece que ganan los libros, es como si nos plegáramos ante la consideración de que la Literatura es un arte superior al Cine. Yo no estoy de acuerdo con esa consideración, pero independientemente de ello estoy convencido de que para muchos es infinitamente mejor el Blade Runner de Scott que el ¿Sueñan los androides con ovejas eléctricas? de Philip K. Dick, y Philip K. Dick no era un escritor cualquiera, seguramente si no llega a fallecer en 1982 antes de que se estrenara la película la habría visto y nos hubiera dado su opinión.

Pero no se trata de echar carreras, la misma historia se puede contar en Cine, Teatro, Literatura…, y podrá sublimar como una obra de arte o pudrirse como un pestilente cadáver, Fondo y Forma deben acoplarse para lograr la sublimación.

La película comienza con una de las introducciones más "grandes" de la historia del cine, ese vuelo hacia el centro del Los Ángeles del año 2.019, transportándonos lentamente hacia un mundo distinto y agobiante, tecnológico y oscuro, hacia ese futuro angustioso y pesado en el que el hombre ha terminado de perder su identidad confundiéndose incluso con las máquinas, hacia ese mundo lleno de aturdidores estímulos sensoriales. Este clima se convierte además en una constante de ambientación durante toda la película, Ridley Scott impide que descansemos de esta atmósfera sensorial ni tan siquiera por un instante, durante todas las escenas hay ruidos de maquinas, vibraciones, sonidos ondulantes que mantienen el agobio en el espectador, sólo la genial banda sonora de Evangelos Odysseas Papathanassiou, más conocido como Vangelis nos libera parcialmente de ese sufrimiento a lo largo de la historia.

Pero además de la magistral introducción hay otras muchas escenas que rebosan genialidad, la escena del retiro de Zhora a manos de Deckard atravesando los cristales del escaparate, a cámara lenta, con toda la expresiva crudeza de una muerte violenta que nos hace sentir cierta cercanía y confusión entre la realidad de la muerte humana y la del retiro de un androide. La escena de amor entre Rachael y Rick Deckard, sublime, con un soberbio uso del primerísimo primer plano en conjunción con las texturas provocadas por el juego de luces y sombras en su apartamento, y todo ello acompañado de la genial música..., siempre la genial banda sonora.  La escena final de Deckard con Roy Batty, ¿Qué queréis que os diga?, ¿Que ya es un clásico?, ¿Que ya es una de las escenas más memorizadas por los espectadores de más allá de Orión y de la puerta de Tannhäuser?.

Las actuaciones son soberbias, Harrison Ford exquisito. Sean Young sublime, en esta película me enamoré de su elegancia y belleza, simplemente maravillosa. Rutger Hauer, su mejor película. Daryl Hannah, impresionante con esa máscara de maquillaje oscuro.

Sólo por poner un pero diré que me gustó más el final de la versión primitiva que este "final cut" (no diré nada aquí para no hacer spoiler) pero tal vez sea por mi inherente optimismo. ¿Será que Rid se está haciendo viejo?

En fin, una película llena de momentos profundos, momentos magistrales, momentos para pensar y recrearse, momentos llenos de sentido y de potencia como el del "origami" del unicornio, símbolo mitológico de la capacidad de derrotar a seres más grandes y más fuertes. Pues bien, gracias amigo Ridley por darnos esos momentos, porque todos estos momentos no se perderán en el tiempo como lágrimas en la lluvia...


Por cierto, cada vez que salen los ojos de un replicante en primer plano Ridley Scott se las apaña para que aparezca en cierta manera el efecto ojos rojos típico de la fotografía con flash, incluso sucede con las réplicas artificiales de los animales como el búho de Tyrell. ¿Estáis seguros de que Deckard no es un androide?

viernes, 3 de abril de 2015

LA ESPINA DE DIOS (2015). Óscar Parra de Carrizosa

Si recordamos Rey de reyes(1927) de Cecil B. DeMille o la de (1961) de Nicholas Ray, La historia más grande jamás contada (1965) de George Stevens o Jesús de Nazaret (1977) de Franco Zeffirelli, creo que recordaremos en todos los casos que son superproducciones, películas producidas con muchos medios. La espina de Dios no está hecha con los mismos medios, sin embargo no carece de ellos, es una película hecha con cariño, con fuerza, con pasión por el cine y con ganas de tallar historias en celuloide, de escribir con imágenes.

Óscar Parra de Carrizosa articula todos los elementos a su alcance (dirección, guión, montaje…) y hace una película redonda, una película en la que se cierra el círculo, una película que lleva la coherencia tanto en el Fondo como en la Forma. Trata de una manera muy humana y cercana los tres años de predicación de Jesús hasta su crucifixión y resurrección, sin alardes, siempre desde dentro, desde el punto de vista de los apóstoles, desde su paradójica humanidad en la que cabe la tristeza, el humor, la duda y el miedo. Y la Forma acompaña, Óscar utiliza el contrapicado suave para mostrar los planos de Jesús adoctrinando a sus discípulos y casi nunca abre el plano de la cámara, porque no lo necesita para hablar en un idioma tan cercano, no le hacen falta reyes y cohortes, no le hacen falta miles de extras, le sobra y le basta con el cariño y las ganas de los figurantes voluntarios de Santa Cruz de la Zarza, con sus paisajes manchegos y los olivos entre los que ha pintado esta película. La interposición de unos pocos planos amplios con imágenes de oriente medio y del mar terminan de completar la paleta de colores que este cuadro necesita.

Excelentes Sergio Raboso como Jesús de Nazaret, y también Antonio Esquinas como Simón Pedro y Pablo Pinedo como el apóstol Andrés, tan cercanos, tan normales y tan humanos.

Hoy es Viernes Santo, estos días son días de películas bíblicas, son tiempo de pasión, de recogimiento y también un buen momento para ver una película como esta, os la recomiendo. Yo tuve la suerte de que el pasado Jueves 26 de Marzo me invitara mi amigo Román Muñoz al preestreno de La espina de Dios en Madrid. La suerte, porque si no fuera por eso tal vez no la habría visto, ya que no se ha estrenado en multitud de cines como las grandes superproducciones, y sin embargo la película me gustó, ya lo he escrito, pero también me gustó muchísimo volver a escuchar aplausos en un cine al finalizar una película, muchos aplausos, aplausos que resonaban con cada nombre que aparecía en los títulos de crédito, aplausos al aparecer el nombre de Santa Cruz de la Zarza, aplausos que son signo de haber disfrutado de algo bien hecho y aplausos de orgullo por haber participado en ello. Aplausos en definitiva de felicidad, enhorabuena por ello!