En ocasiones hay disputas sobre si tal libro fue mejor que la película sobre el mismo tema, y
casi siempre parece que ganan los libros, es como si nos plegáramos ante la
consideración de que la Literatura es un arte superior al Cine. Yo no estoy de
acuerdo con esa consideración, pero independientemente de ello estoy convencido
de que para muchos es infinitamente mejor el Blade Runner de Scott que el ¿Sueñan
los androides con ovejas eléctricas? de Philip K. Dick, y Philip K. Dick no era
un escritor cualquiera, seguramente si no llega a fallecer en 1982 antes de
que se estrenara la película la habría visto y nos hubiera dado su opinión.
Pero no se trata de echar carreras, la misma historia se puede contar en
Cine, Teatro, Literatura…, y podrá sublimar como una obra de arte o pudrirse
como un pestilente cadáver, Fondo y Forma deben acoplarse para lograr la
sublimación.
La película comienza con una de las introducciones más "grandes" de la
historia del cine, ese vuelo hacia el centro del Los Ángeles del año 2.019, transportándonos
lentamente hacia un mundo distinto y agobiante, tecnológico y oscuro, hacia ese
futuro angustioso y pesado en el que el hombre ha terminado de perder su
identidad confundiéndose incluso con las máquinas, hacia ese mundo lleno de aturdidores
estímulos sensoriales. Este clima se convierte además en una constante de
ambientación durante toda la película, Ridley Scott impide que descansemos de
esta atmósfera sensorial ni tan siquiera por un instante, durante todas las
escenas hay ruidos de maquinas, vibraciones, sonidos ondulantes que mantienen el
agobio en el espectador, sólo la genial banda sonora de Evangelos Odysseas
Papathanassiou, más conocido como Vangelis nos libera parcialmente de ese sufrimiento a lo
largo de la historia.
Pero además de la magistral introducción hay otras muchas escenas que rebosan
genialidad, la escena del retiro de Zhora a manos de Deckard atravesando los
cristales del escaparate, a cámara lenta, con toda la expresiva crudeza de una
muerte violenta que nos hace sentir cierta cercanía y confusión entre la
realidad de la muerte humana y la del retiro de un androide. La escena de amor
entre Rachael y Rick Deckard, sublime, con un soberbio uso del primerísimo primer
plano en conjunción con las texturas provocadas por el juego de luces y sombras
en su apartamento, y todo ello acompañado de la genial música..., siempre la
genial banda sonora. La escena final de
Deckard con Roy Batty, ¿Qué queréis que os diga?, ¿Que ya es un clásico?, ¿Que ya
es una de las escenas más memorizadas por los espectadores de más allá de Orión
y de la puerta de Tannhäuser?.
Las actuaciones son soberbias, Harrison Ford exquisito. Sean Young sublime,
en esta película me enamoré de su elegancia y belleza, simplemente maravillosa. Rutger Hauer, su mejor
película. Daryl Hannah, impresionante con esa máscara de maquillaje oscuro.
Sólo por poner un pero diré que me gustó más el final de la versión
primitiva que este "final cut" (no diré nada aquí para no hacer
spoiler) pero tal vez sea por mi inherente optimismo. ¿Será que Rid se está
haciendo viejo?
En fin, una película llena de momentos profundos, momentos magistrales,
momentos para pensar y recrearse, momentos llenos de sentido y de potencia como
el del "origami" del unicornio, símbolo mitológico de la capacidad de
derrotar a seres más grandes y más fuertes. Pues bien, gracias amigo Ridley por darnos esos momentos, porque todos estos momentos no se perderán en
el tiempo como lágrimas en la lluvia...
Por cierto, cada vez que salen los ojos de un replicante en primer plano
Ridley Scott se las apaña para que aparezca en cierta manera el efecto ojos
rojos típico de la fotografía con flash, incluso sucede con las réplicas
artificiales de los animales como el búho de Tyrell. ¿Estáis seguros de que
Deckard no es un androide?

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