La familia Bélier, que significa carnero
(risas….), me ha sorprendido, esperaba una película un poco menos
"trascendente". Es una gran película.
Ya lo sé, siempre escribo lo
mismo: el Fondo y la Forma, pero yo no tengo la culpa, y es que el arte es
siempre así, no lo he inventado yo. Toda obra de arte tiene que decir algo,
tiene que transmitir, tiene que causar sensaciones y sentimientos (Fondo), pero
es que sólo será una obra maestra cuando además lo cuente con la altura de voz,
la cadencia, la claridad, la belleza (Forma) suficiente para encandilar
definitivamente al espectador.
En esta gran película francesa se hace un
peculiar recorrido sobre la discapacidad, en concreto y en este caso sobre la
sordera, y esto lleva a la discusión sobre la dependencia y las necesidades de las
personas que padecen algún tipo de discapacidad, y también sobre sus
posibilidades. Todo ello se modela a lo largo del metraje con una exquisita
delicadeza y con una absoluta naturalidad que me hace pensar lo mucho que nos
complicamos nosotros mismos la vida cuando nos enfrentamos con ese tipo de
problemática. ¿Por qué no fluimos naturalmente como los ríos?, ¿Por qué no nos
adaptamos al cauce y siempre tratamos de modificarlo?
La película también plantea en segundo plano y
como consecuencia del argumento principal por un lado la incomprensión
generacional (agravada en este caso por la incapacidad auditiva), y por otro la diferencia entre huir (o
abandonar) y volar en libertad. Conceptos profundos plasmados con una simpleza
magistral.
Una película para toda la familia, una película
para todas las edades, una comedia con pinceladas dramáticas, como la vida
misma, una película para que todos aprendamos. En el plano técnico está muy
bien resuelta, no es monótona, está muy bien narrada, no sobra ni falta. Hay
constantes cambios, de luz, de paisaje, de encuadre…, hay riqueza en la
fotografía, en el movimiento, en el montaje…
La música, ¡Quiero la banda sonora!

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