La búsqueda de la luz. Lo repiten y repiten
en la película, una y otra vez, hasta la saciedad, hasta que te cala, la frase
te llega a lo más profundo y deseas encontrar la luz. Yo lo deseaba con todas
mis fuerzas, desde la primera media hora de la película, deseaba que encendieran
la luz, que acabara el triste espectáculo y que pudiera escapar de uno de los
castigos más grandes que he recibido en una sala de cine.
Uno de los directores de cine que más me
gustaban últimamente, me lo tendré que plantear antes de exponerme a un nuevo
castigo suyo, me ha dejado boquiabierto otra vez, como ya me dejó en El sexto sentido (1999) o en El protegido (2000),
pero evidentemente no ha sido la misma sensación la que se me ha quedado en el
cuerpo.
La película es absolutamente inconexa,
incoherentemente absurda, cuenta una historia plana y esperable, y la cuenta
mal, carece de fondo y de recorrido. Shyamalan se ahoga en un charco, y sin
ayuda. Esta película le sobra a él y nos sobra a todos, está hecha sin ganas,
sin pensar, sin cerrar un argumento. Parece escrita a trozos en noches de
insomnio, es como el monstruo de Frankestein, carece de alma.
Los personajes de James McAvoy se explotan de
manera tan prolífica que arruinan definitivamente la película, de verdad te
entra la risa de la pura saturación del esperpento. Sin lugar a dudas lo mejor
de la película es el trailer, y lo es porque dura poco.
He de decir que la crítica española la pone
soberbiamente bien y prácticamente con unanimidad, ante esto yo me he
preguntado si me había perdido algo. Inmediatamente he ido a leer la crítica
extranjera, la ponen a parir: no estoy loco! O en este país hemos perdido absolutamente
todo criterio o la corrupción ha llegado mucho más profundamente de lo que
creemos. Está claro que hay que cambiar de rumbo.
Mi recomendación:
Lo siento, no puedo decirte que vayas a verla,
es la peor película que recuerdo haber visto, es más divertido que resbales y
te caigas.
