miércoles, 23 de enero de 2019

GLASS (2019). M. Night Shyamalan


La búsqueda de la luz. Lo repiten y repiten en la película, una y otra vez, hasta la saciedad, hasta que te cala, la frase te llega a lo más profundo y deseas encontrar la luz. Yo lo deseaba con todas mis fuerzas, desde la primera media hora de la película, deseaba que encendieran la luz, que acabara el triste espectáculo y que pudiera escapar de uno de los castigos más grandes que he recibido en una sala de cine.

Uno de los directores de cine que más me gustaban últimamente, me lo tendré que plantear antes de exponerme a un nuevo castigo suyo, me ha dejado boquiabierto otra vez, como ya me dejó en El sexto sentido (1999) o en El protegido (2000), pero evidentemente no ha sido la misma sensación la que se me ha quedado en el cuerpo.

La película es absolutamente inconexa, incoherentemente absurda, cuenta una historia plana y esperable, y la cuenta mal, carece de fondo y de recorrido. Shyamalan se ahoga en un charco, y sin ayuda. Esta película le sobra a él y nos sobra a todos, está hecha sin ganas, sin pensar, sin cerrar un argumento. Parece escrita a trozos en noches de insomnio, es como el monstruo de Frankestein, carece de alma.

Los personajes de James McAvoy se explotan de manera tan prolífica que arruinan definitivamente la película, de verdad te entra la risa de la pura saturación del esperpento. Sin lugar a dudas lo mejor de la película es el trailer, y lo es porque dura poco.

He de decir que la crítica española la pone soberbiamente bien y prácticamente con unanimidad, ante esto yo me he preguntado si me había perdido algo. Inmediatamente he ido a leer la crítica extranjera, la ponen a parir: no estoy loco! O en este país hemos perdido absolutamente todo criterio o la corrupción ha llegado mucho más profundamente de lo que creemos. Está claro que hay que cambiar de rumbo.


Mi recomendación:

Lo siento, no puedo decirte que vayas a verla, es la peor película que recuerdo haber visto, es más divertido que resbales y te caigas.