martes, 26 de junio de 2018

JURASSIC WORLD: EL REINO CAIDO (2018). J. A. Bayona


La sintaxis y la semántica crean el discurso y le dan forma a la idea mejorando o empeorando su transmisibilidad. La combinatoria sintagmática y la correcta selección de los signos lingüísticos pueden hacer que seamos más capaces de hacernos entender y de contar una idea. Tal y como me estoy expresando es muy posible que para algunos, la idea que trato de transmitir no se entienda con facilidad, o que probablemente no esté consiguiendo transmitir lo que pretendo.

Si alguien cuenta un chiste puede tener mucha gracia o muy poca. Algunas personas lo cuentan de cierta manera que nos provoca la carcajada inmediata, mientras que otras no lo consiguen, a pesar de contar la misma historia o intentar transmitir la misma idea.

En el cine ocurre exactamente lo mismo. El cine, como cualquier arte, tiene un canal de comunicación provisto de unos mecanismos para transmitir ideas, para contar historias. El lenguaje cinematográfico también tiene sus reglas, sus maneras de combinar sintagmas, su semántica, y esto añade valor. Las imágenes y su cadencia tienen significado, y su combinatoria lo potencia o lo empeora.

La fotografía, con todos sus matices: la composición, el encuadre, el color, el foco... El montaje y su capacidad para mostrar rumbo, sobre todo, son capaces de disolver la píldora de Fondo que queremos transmitir, en definitiva, de mejorar la siembra de una idea en el espectador.

No sólo la Forma incide en la calidad de una película, también el Fondo, en definitiva lo que realmente queremos transmitir. Pero una película sin Fondo no suele ser bien valorada así como una sin Forma no se suele entender y en definitiva es como si no tuviera Fondo.

Esta película, con un Fondo ya muy tratado y simplón, realmente no aporta nada nuevo al concepto de “el hombre que juega a ser Dios”, ya tratado en el cine desde que éste se inventó: Frankenstein (1910) de Andres Tung o Vida sin alma (1915) de Joseph Smiley, previas a la archiconocida Dr. Frankenstein (1931) de James Whale. Por este motivo me ceñiré exclusivamente a la Forma, y en este sentido debo decir que Bayona se “expresa” mucho mejor que como lo hizo Colin Trevorrow en su anterior película sobre el mismo asunto, Jurassic World (2015), sin que ninguno de ellos le lleguen a la parte baja de la pantorrilla al maestro Spielberg.

Para muestra de todo lo que he tratado de transmitir en este texto os recomiendo un par de películas, que muchos de vosotros, sin duda, ya habréis visionado. Dos películas con escaso Fondo pero con mucha, muchísima Forma, dos joyas del cine de terror, dos delicatesen de maestros de la cocina del celuloide: Los pájaros (1963) Alfred Hitchcock y Tiburón (1975) Steven Spielberg. Os recomiendo que a pesar de haberlas visto las volváis a visionar, pero no os fijéis en lo que cuentan, analizad mejor cómo lo cuentan.

De la película que tratamos hoy, en definitiva no hay mucho que destacar. Cómo no, la infografía a un nivel excepcional, un puñado de buenas tomas, un buen montaje, pero nada que vaya a hacer pasar a la historia a esta película, aunque sea una película entretenida y bien resuelta.


Mi recomendación: Si te gustan los dinosaurios, aquí tienes lo más parecido y realista a lo que debieron ser aquellos Saurisquios y Ornitisquios. Si eres incapaz de distinguir un Saurisquio de un Ornitisquio, por lo menos te podrás tomar unas palomitas pasando un rato entretenido en el cine.

sábado, 9 de junio de 2018

EL HOMBRE QUE MATÓ A DON QUIJOTE (2018). Terry Gilliam


Probablemente no hay nada más noble en la vida que perseguir los ideales de uno mismo con pasión y valentía.

Que Terry Gilliam está loco no lo duda nadie. Bueno, no le llamemos loco, digamos que piensa fuera de la caja. Lo ha demostrado muchas veces, recordaréis El sentido de la vida (1983) o Brazil (1985) y a pesar de la edad la cordura no ha llegado a invadir su pensamiento, la locura ha decidido más bien amueblar su cerebro y se ha instalado probablemente para siempre, lo cual resulta magníficamente maravilloso. Todo un regalo para él y para el mundo.

En este momento actual, parafraseando al magnífico Groucho, partiendo de la nada hemos conseguido alcanzar las cotas más humillantes de la esclavitud mental, estamos absolutamente habituados a recibir crueles agresiones mediáticas, lavados de cerebro con corrientes de opinión que decapan cualquier antiguo barniz de pensamiento propio con el que hayamos dado impronta a nuestra materia gris, palizas que, sin que muchos lo advirtamos, rompen y deforman nuestro pensamiento y nuestro ideario, nos amoldan y nos normalizan nos hacen "mejores", tibios, tranquilos, serenos, del rebaño.

Hace falta mucha gente que piense fuera de la caja, necesitamos rebeldes, necesitamos muchos Gilliam y muchos Don Quijote, muchas ovejas que intentan salir del rebaño. No os dejéis engañar, la manera más fácil que ha tenido siempre el poder para manejar al pueblo es homogeneizar, los jefes de las tribus lo hacían, los señores feudales lo hacían, el comunismo lo hace, el fascismo también, y por desgracia en democracia también se hace, y mucho más de lo que creemos.

La película es un paseo por la locura en el que se van abriendo las puertas de los sueños y las de la demencia, se van recorriendo los senderos de la irracionalidad más recta, de la tozudez más elegante, y de la nobleza más andrajosa. Todo un canto a la amistad, una puesta en escena de las mayores paradojas de la vida, como la que hizo que la novela de Cervantes, con el hidalgo más caricaturesco y andrajoso llegara a ser la mejor de todas cuantas se escribieron sobre caballeros andantes, precisamente por eso, por la nobleza del hidalgo y su realidad tan cercana y tan humana.

He de decir que me ha costado entreverarme en la película, incluso al principio comencé a inquietarme, pero con ese tesón de veintitantos años de creación, Gilliam ha conseguido atraparme. Es una muy buena película. He leído algunas críticas, casi todas la ponen mediocremente o muy mal, no importa, precisamente yo soy de esos que piensan fuera de la caja.

La fotografía es magnífica, genial, y los escenarios hacen justicia al país tan maravilloso que tenemos y que tan poco conocemos. Está rodada casi por entero en localizaciones en España, Monasterio de Piedra, Gallipienzo (Navarra), Fuerteventura, Villacastín, Talamanca del Jarama o el Castillo de Viñuelas…

Adam Driver me cautivó en Paterson (2016) de Jim Jarmusch, aquí no se queda corto. Muy bien.


Mi recomendación:

Si eres de esos que piensan distinto, seguramente te va a gustar, aunque ten cuidado, no cometas el error de pensar que piensas distinto, porque esa es una forma muy común de pensar. Si eres de "los otros", creo que ponen The fast and the furious 12.