sábado, 9 de junio de 2018

EL HOMBRE QUE MATÓ A DON QUIJOTE (2018). Terry Gilliam


Probablemente no hay nada más noble en la vida que perseguir los ideales de uno mismo con pasión y valentía.

Que Terry Gilliam está loco no lo duda nadie. Bueno, no le llamemos loco, digamos que piensa fuera de la caja. Lo ha demostrado muchas veces, recordaréis El sentido de la vida (1983) o Brazil (1985) y a pesar de la edad la cordura no ha llegado a invadir su pensamiento, la locura ha decidido más bien amueblar su cerebro y se ha instalado probablemente para siempre, lo cual resulta magníficamente maravilloso. Todo un regalo para él y para el mundo.

En este momento actual, parafraseando al magnífico Groucho, partiendo de la nada hemos conseguido alcanzar las cotas más humillantes de la esclavitud mental, estamos absolutamente habituados a recibir crueles agresiones mediáticas, lavados de cerebro con corrientes de opinión que decapan cualquier antiguo barniz de pensamiento propio con el que hayamos dado impronta a nuestra materia gris, palizas que, sin que muchos lo advirtamos, rompen y deforman nuestro pensamiento y nuestro ideario, nos amoldan y nos normalizan nos hacen "mejores", tibios, tranquilos, serenos, del rebaño.

Hace falta mucha gente que piense fuera de la caja, necesitamos rebeldes, necesitamos muchos Gilliam y muchos Don Quijote, muchas ovejas que intentan salir del rebaño. No os dejéis engañar, la manera más fácil que ha tenido siempre el poder para manejar al pueblo es homogeneizar, los jefes de las tribus lo hacían, los señores feudales lo hacían, el comunismo lo hace, el fascismo también, y por desgracia en democracia también se hace, y mucho más de lo que creemos.

La película es un paseo por la locura en el que se van abriendo las puertas de los sueños y las de la demencia, se van recorriendo los senderos de la irracionalidad más recta, de la tozudez más elegante, y de la nobleza más andrajosa. Todo un canto a la amistad, una puesta en escena de las mayores paradojas de la vida, como la que hizo que la novela de Cervantes, con el hidalgo más caricaturesco y andrajoso llegara a ser la mejor de todas cuantas se escribieron sobre caballeros andantes, precisamente por eso, por la nobleza del hidalgo y su realidad tan cercana y tan humana.

He de decir que me ha costado entreverarme en la película, incluso al principio comencé a inquietarme, pero con ese tesón de veintitantos años de creación, Gilliam ha conseguido atraparme. Es una muy buena película. He leído algunas críticas, casi todas la ponen mediocremente o muy mal, no importa, precisamente yo soy de esos que piensan fuera de la caja.

La fotografía es magnífica, genial, y los escenarios hacen justicia al país tan maravilloso que tenemos y que tan poco conocemos. Está rodada casi por entero en localizaciones en España, Monasterio de Piedra, Gallipienzo (Navarra), Fuerteventura, Villacastín, Talamanca del Jarama o el Castillo de Viñuelas…

Adam Driver me cautivó en Paterson (2016) de Jim Jarmusch, aquí no se queda corto. Muy bien.


Mi recomendación:

Si eres de esos que piensan distinto, seguramente te va a gustar, aunque ten cuidado, no cometas el error de pensar que piensas distinto, porque esa es una forma muy común de pensar. Si eres de "los otros", creo que ponen The fast and the furious 12.

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