Durante nuestra juventud vamos
tomando decisiones que almacenamos en la maleta con la que viajamos por la
vida, todas estas decisiones y actuaciones son las que modelan nuestro viaje,
nuestro futuro.
Desde la perspectiva y la
experiencia que aporta la vejez, parece muy fácil ver que si hubiéramos tomado
otras decisiones ahora estaríamos mucho mejor. Parece tan fácil como acertar
una quiniela los lunes después de que se hayan jugado todos los partidos, pero
no es así, la vida es mucho más complicada que todo eso, se rige por la teoría
del caos, y aunque creamos que lo tenemos todo controlado hay variables que lo
pueden trastocar todo en un momento, ya que las decisiones influyen en las
hechos y los hechos influyen en las decisiones. Aunque es verdad que con un poco de suerte, si empujas en una
dirección el objeto se mueve en esa dirección, ¿Quién sabe si al salir a cobrar
la quiniela te hubiera atropellado un coche?
Algunos actores o deportistas de
élite, como Diego Armando Maradona, pueden ser un claro ejemplo de lo que he
escrito, Sorrentino lo sabe.
La película La Juventud debería
interpretarse como una bellísima sucesión de imágenes y secuencias que enmarcan
una serie de conversaciones e ideas trascendentes sobre el devenir del tiempo,
de los sucesos y sus consecuencias, pero en realidad es lo contrario, es una
serie de imágenes y secuencias con una belleza inusual que pretenden enmarcarse
en una sucesión de referencias al paso del tiempo que intentan ser
trascendentes, y esto simplemente rechina.
Probablemente la ligereza es una
forma de perversión y seguramente intentar permutar Fondo y Forma sea una
ligereza. ¿Qué dice éste? ¿Se ha vuelto loco?
Me explico, en esta película me
ha dado la sensación de que existen una serie de imágenes y planos preconcebidos
para los que se ha creado una acción, y esto es más parecido a un documental
que al Cine, de ahí el estupor silencioso que se produjo en la sala al acabar
la película.
La película es de una belleza
indiscutible, cada plano y cada gota de luz que baña cada uno de los fotogramas
está colocado con maestría y sutil delicadeza, sin embargo la acción tropieza
torpemente a cada paso careciendo de intensidad y, a pesar del pausado tempo
impuesto al desarrollo de ésta, no cosecha la profundidad que debiera y consiguiendo
empujarnos al aburrimiento. Al final son sólo las cautivadoras imágenes que nos
regala Sorrentino las que impiden que nos marchemos (a pesar de lo cual hubo una persona a la que vi abandonar la sala).
Dos grandes amigos, de esos a los
que es imposible separar, analizan distintos hechos en sus vidas y en las vidas
de las personas que les han acompañado, mientras trabaja el uno y descansa el
otro, en un balneario de los Alpes Suizos. Los personajes que interpretan
magistralmente Michael Caine y Harvey Keitel se encuentran rodeados de
insólitos y silenciosos personajes, que en algunos casos pretenden ser
paradigmas de lo que trata la película.
A pesar de todo lo que pienso y
de todo lo que he expresado, a mí me ha gustado ver esta película, me ha hecho
pensar, y eso sabéis que es lo que más me gusta. También me ha hecho recordar
alguna de esas experiencias en los cines que llamábamos de "arte y
ensayo" a las que jamás pude llevar a ningún amigo, siempre los he querido
conservar…
Mi recomendación: Si te gustaba
Fellini, Bergman, y otros tantos maestros, deberías ir a verla, yo he sacado
mis propias conclusiones, pero tú sacarás las tuyas. Si nunca has soportado el
cine de "arte y ensayo" esta película puede ser muy dura, pero
también es una buena ocasión para ponerte a prueba (espero no perderte como
seguidor tras la prueba…)

Pues me voy a lanzar a la piscina y la voy a ver. Aunque solamente sea por ver a esos dos actorazos, ya veteranos pero grandes, de esos que solo ellos llenan la pantalla.
ResponderEliminarUn saludo.
Espero que te guste. Ya me contarás.
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