martes, 2 de febrero de 2016

LA JUVENTUD (2015). Paolo Sorrentino

Durante nuestra juventud vamos tomando decisiones que almacenamos en la maleta con la que viajamos por la vida, todas estas decisiones y actuaciones son las que modelan nuestro viaje, nuestro futuro.

Desde la perspectiva y la experiencia que aporta la vejez, parece muy fácil ver que si hubiéramos tomado otras decisiones ahora estaríamos mucho mejor. Parece tan fácil como acertar una quiniela los lunes después de que se hayan jugado todos los partidos, pero no es así, la vida es mucho más complicada que todo eso, se rige por la teoría del caos, y aunque creamos que lo tenemos todo controlado hay variables que lo pueden trastocar todo en un momento, ya que las decisiones influyen en las hechos y los hechos influyen en las decisiones. Aunque es verdad que  con un poco de suerte, si empujas en una dirección el objeto se mueve en esa dirección, ¿Quién sabe si al salir a cobrar la quiniela te hubiera atropellado un coche?

Algunos actores o deportistas de élite, como Diego Armando Maradona, pueden ser un claro ejemplo de lo que he escrito, Sorrentino lo sabe.

La película La Juventud debería interpretarse como una bellísima sucesión de imágenes y secuencias que enmarcan una serie de conversaciones e ideas trascendentes sobre el devenir del tiempo, de los sucesos y sus consecuencias, pero en realidad es lo contrario, es una serie de imágenes y secuencias con una belleza inusual que pretenden enmarcarse en una sucesión de referencias al paso del tiempo que intentan ser trascendentes, y esto simplemente rechina.

Probablemente la ligereza es una forma de perversión y seguramente intentar permutar Fondo y Forma sea una ligereza. ¿Qué dice éste? ¿Se ha vuelto loco?

Me explico, en esta película me ha dado la sensación de que existen una serie de imágenes y planos preconcebidos para los que se ha creado una acción, y esto es más parecido a un documental que al Cine, de ahí el estupor silencioso que se produjo en la sala al acabar la película.

La película es de una belleza indiscutible, cada plano y cada gota de luz que baña cada uno de los fotogramas está colocado con maestría y sutil delicadeza, sin embargo la acción tropieza torpemente a cada paso careciendo de intensidad y, a pesar del pausado tempo impuesto al desarrollo de ésta, no cosecha la profundidad que debiera y consiguiendo empujarnos al aburrimiento. Al final son sólo las cautivadoras imágenes que nos regala Sorrentino las que impiden que nos marchemos (a pesar de lo cual  hubo una persona a la que vi  abandonar la sala).

Dos grandes amigos, de esos a los que es imposible separar, analizan distintos hechos en sus vidas y en las vidas de las personas que les han acompañado, mientras trabaja el uno y descansa el otro, en un balneario de los Alpes Suizos. Los personajes que interpretan magistralmente Michael Caine y Harvey Keitel se encuentran rodeados de insólitos y silenciosos personajes, que en algunos casos pretenden ser paradigmas de lo que trata la película.

A pesar de todo lo que pienso y de todo lo que he expresado, a mí me ha gustado ver esta película, me ha hecho pensar, y eso sabéis que es lo que más me gusta. También me ha hecho recordar alguna de esas experiencias en los cines que llamábamos de "arte y ensayo" a las que jamás pude llevar a ningún amigo, siempre los he querido conservar…


Mi recomendación: Si te gustaba Fellini, Bergman, y otros tantos maestros, deberías ir a verla, yo he sacado mis propias conclusiones, pero tú sacarás las tuyas. Si nunca has soportado el cine de "arte y ensayo" esta película puede ser muy dura, pero también es una buena ocasión para ponerte a prueba (espero no perderte como seguidor tras la prueba…)

2 comentarios:

  1. Pues me voy a lanzar a la piscina y la voy a ver. Aunque solamente sea por ver a esos dos actorazos, ya veteranos pero grandes, de esos que solo ellos llenan la pantalla.
    Un saludo.

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